Sobre la división de trabajo por género
La inmersión al
mercado de trabajo, o al mercado de bienes simbólicos por lo general no es
controlada por la mujer. Como inicio incluso lo anterior puede sonar poético,
pero antes considero preliminar indicar que en la actividad humana existe una
doble producción: la de bienes materiales, servicios, ideas y representaciones
en torno a tal actividad. Considero que el trabajo es una esfera social donde
se genera un producto material y un producto ideático, donde los agentes
intervinientes establecen relaciones en las que se manifiestan las divisiones
sociales, tales como las originadas a partir de la diferencia de género, clase
social, etnia o edad.
De este modo,
género, clase, etnia y edad, se convierten en los elementos sustantivos de las
desigualdades sociales y de la desigualdad laboral, y el mercado de trabajo
está por tanto dividido por estas categorías, pues son tales principios
clasificatorios los que segmentan a los trabajadores dentro de la estructura
laboral.
Los principios
de desigualdades estructuran a su vez el mercado laboral, pues la
estratificación de éste encuentra en uno de los pilares básicos para la
acumulación de capital[1].
Donde la pertenencia a uno u otro género, a una u otra clase social, y a uno u
otro grupo étnico o una u otra
generación, son los componentes fundamentales que actúan en la estructuración
selectiva de los mercados de trabajo, siendo pues los elementos que clasifican
la participación de los sujetos dentro de los mismos. Esta clasificación se
basa en que tales elementos o categorías, condicionarán la distinta naturaleza
del acceso a conocimientos, recursos y oportunidades de participación y
elección en el mundo laboral, que darán como resultado la jerarquización
laboral y la estratificación organizada del mercado de trabajo.
Importante es
primero saber cuales serán los términos en los que se halle el ensayo, donde el
primero es el concepto de trabajo, que tiene diversos significados
dependiendo del contexto donde se analice, y es un constructo social y cultural
que debe ser estudiado en función de la propia historia y de los diferentes
factores que lo determinan en cada tiempo y realidad social. Numerosos han sido
los estudios que desde la antropología cultural han demostrado esta afirmación,
evidenciando con múltiples ejemplos etnográficos que, tanto lo que se considera
trabajo como el valor social que a tal actividad se confiere, varía
sustancialmente de una sociedad a otra.
El trabajo es
una actividad propiamente humana porque sólo los humanos inscriben las
actividades de subsistencia en un marco social y simbólico que amplía las
capacidades individuales y las dota de capacidad transformadora (Comas 1995:
33-34). Esta idea, de considerar el trabajo como una actividad exclusiva de los
seres humanos, en la que se producen bienes necesarios para su permanencia,
relaciones sociales y que se carga de aspectos simbólicos y representaciones
ideológicas, creo fundamental a la hora de analizar los procesos productivos
concretos donde actúan los colectivos. En los procesos de producción se crean
objetos, utillajes, servicios, técnicas, saberes, lenguajes, relaciones
sociales y valoraciones e ideología. Es a través del trabajo como los sujetos
de una comunidad adquieren un reconocimiento determinado, un status y
prestigio, se les permite participar en el ámbito de lo compartido socialmente
y se les otorga unos rasgos definidores de su propia identidad. Y es que los
grupos humanos, definen una parte de su identidad a través del trabajo, porque
por muy instrumentales o impersonales que puedan ser las tareas que se
realicen, para el trabajador se trata de una experiencia personal, de una forma
de relacionarse con la realidad en que vive, de identificarse y de ser
identificado.
Peor el trabajo
de las mujeres qué?. Se puede ver la diferencia entre lo entienden como una
problemática en términos de empleo[2]
y los que atienden fundamentalmente al trabajo[3].
Categorías éstas, que tienen por su parte una inserción distinta en las
diferentes disciplinas sociales, tales como la economía, la sociología y la
historiografía que han utilizado el concepto de trabajo referido exclusivamente
a la producción asalariada. Y en la medida en que se han desarrollado desde un
prisma falocéntrico, sus teorías, categorías, metodología y conceptos,
construidos a partir del análisis del empleo y del trabajo masculino, aunque
pretendidamente universales, resultan difícilmente aplicables a las
experiencias de trabajo de las mujeres. Los estudios feministas especialmente
desde los años 80 se han centrado en una revisión de esas disciplinas y en un
esfuerzo de reconceptualización de las categorías de actividad, empleo y
trabajo. Por lo tanto este concepto requiere de una redefinición[4].
El trabajo se
ha convertido en un bien escaso el cual en ocasiones se plantea que hay que
repartir, alternar o sumergir «Téllez 2003». Porque cada vez más, se enfatiza
el concepto de recursos de vida que tiende a centrarse en la perspectiva
reproductiva de individuos y grupos domésticos y en la variedad de recursos
para sobrevivir, vivir o mejorar su situación (desde el empleo estable y
protegido, trabajo temporal formal, diversos tipos de subvenciones estatales,
trabajo sumergido remunerado, intercambios de trabajo, trabajo doméstico,
bricolaje, etc.). Esta situación actual referente al empleo a la que asistimos
en sociedades como la nuestra, viene a demostrarnos que los diferentes
contextos sociolaborales harán que cada grupo cultural redefina lo que entiende
por trabajo y la valoración que al mismo se le da.[5]
El concepto de
género.- Roles de género son tareas y actividades que una cultura asigna a los
sexos. Estereotipos de género son ideas demasiado simplificadas pero
fuertemente asumidas sobre las características de varones y mujeres u otros. La
estratificación de género describe una distribución desigual de recompensas
entre hombres y mujeres, reflejando sus proposiciones diferentes en una
jerarquía social.
De igual
manera, las categorías de género se han presentado como una construcción social
en la que determinados símbolos e ideas han conformado unos modelos de
representación ideológica, y como ocurre con el concepto de trabajo, en cada
cultura que analicemos encontraremos un sistema de género particular. El
género, desde mi punto de vista, es una construcción cultural que basa su
existencia en las diferencias objetivas que se dan entre los sexos, y es a
partir de estas diferencias sobre las que cada cultura determina tanto las
categorías de sexo como las de género. Las categorías culturales del género son
fundamentales para descubrir la relación entre las distintas funciones
asignadas a hombres y mujeres en los ámbitos de la producción y de la
reproducción social[6]
en cada momento histórico «García, 1990», y es a partir de dicha relación, como
se elaboran las premisas culturales que definen a ambos géneros en nuestra
cultura[7].
Porque el género es un elemento estructurante de la realidad, y por tanto
presente en otros ámbitos de la misma, puesto que define las relaciones entre
los seres humanos asignándoles diversos papeles que, al ser construidos como
desiguales, sitúan a hombres y mujeres en distintas posiciones.
Con esta noción
de género se hace posible analizar los roles y trabajos asociados a hombres y
mujeres, porque entendido de esta forma, esta variable se conforma junto a
otras como la clase social, la etnia y la edad de los sujetos, en elementos con
los que podemos abarcar el análisis de la realidad social y la identidad de los
individuos.
La
incorporación de la categoría género al proceso de producción del conocimiento
hace que los autores de muchos trabajos cuestionen modelos de análisis que
fueron característicos de las ciencias sociales. Así por ejemplo, ciertos
conceptos como las dicotomías naturaleza y cultura, reproducción y producción,
privado y público, social y político, familia y trabajo, se perciben como
construcciones etnocéntricas y falocéntrica que justifican los procesos de
desigualdad.
La distinción
entre sexo y género ha sido extraordinariamente eficaz para resaltar que los
roles, atributos y comportamientos de mujeres y hombres, es variable,
heterogéneo y diverso, porque dependen de factores eminentemente culturales «Da
Silva 1995». Son algo adquirido y no innato, son fruto de la articulación
específica entre maneras de representar las diferencias entre los sexos y
asignar a estas diferencias un estatuto social" «Comas 1995: 40». Creo que
es la cultura de un grupo determinado la que adscribe a hombres y mujeres, unas
ciertas destrezas y aptitudes referidas al mundo del trabajo, entre las que, en
sociedades como la nuestra, asigna al género femenino y al género masculino
unas diferentes cualidades, supuestamente innatas a su respectiva condición de
sexo, que, son conformadas con discursos artificialmente construidos desde un
punto de vista cultural.
Pero me estoy
alejando de todo, así que volveré al hilo conductor que me propuse seguir,
analizar como los conceptos de raza, clase y etnicidad influyen el los estudios
antropológicos con énfasis en género.
“Sin temor a
caer en la exageración, se podría decir que la riqueza y la fuerza de La Paz
son inversamente proporcionales a su altura. En los barrios residenciales, a
menos msnm, viven las personas y familias de mayores recursos de la ciudad.”
«Gill 1995: 10». Esta cita ademas de ser acertada en el comentario[8],
nos lleva a contexto en donde analizare la desigualdad de acceso a los recursos
económicos con respecto a clases sociales, generación y género.
Gill muestra
una La Paz diacrónica, ya que no se conforma con estudiar el proceso de como
las aymarás se insertan al trabajo (domestico en este caso), en las ultimas dos
décadas. Ella muestra como las diferencias laborales entre empleadoras/es
cambian conforme el tiempo pasa, y sobre todo como el proceso histórico de las
sociedades provocan cambios en las relaciones sociales. Las representaciones de
género están presente en toda sociedad, pues forman parte de sus elementos
ideológicos de reproducción social, y como tal se transmiten de generación en
generación, mediante un proceso de socialización. El género asigna los papeles
y las funciones que se consideran más apropiados para cada sexo, determinándose
pues la configuración de la propia identidad femenina o masculina en una
cultura. Estas categorías de género actuarán en todas las realidades sociales
de los sujetos, y por lo tanto también en el mundo de la producción, es decir,
en el mundo del trabajo. Se hace preciso pues profundizar en el nivel de lo
ideático, y su función y protagonismo a la hora de guiar, reproducir y
justificar las prácticas de los actores sociales en relación al trabajo en
función del género. Lo que produce una determinada estructura social, basada en
como la sociedad entienda lo femenino y lo masculino, entre una diferencia de a
quien se asigna lo privado (lo domestico) y lo publico. Delimite el concepto de
trabajo mas adelante, al indicar que es un bien escaso, no diferenciando lo
estable (por ejemplo el trabajo burocrático) y lo inestable (el comercio
informal), por lo que el trabajo domestico es en si mismo un trabajo estable,
ya que son muy escasas las ocasiones en las que la persona encargada de ello se
ve impedida acceder a el modo de producción, aunque este no sea de su propiedad
privada.
Las relaciones
laborales son cambiantes, en especial si el trabajador es dependiente del
empleador, y este notara dicha dependencia. Pero sobre todo el propio trabajo
(en un contexto capitalista) es dependiente en exceso del tipo de economía que
la sociedad sostenga, pero en especial medida de cual sea su estado. En tiempos
de bonanza o de debilidad en el equilibro de las relaciones laborales (el
pongueaje durante una parte de la historia republicana de Bolivia), las relaciones laborales son
diferentes que en tiempos en los que la sociedad destruya una determinada forma
de desigualdad, como lo que sucedido en Bolivia luego de la revolución de 1952,
donde se anula la prestación de servicios de comunarios indígenas a las
haciendas, o las residencias urbanas de los dueños de las haciendas. Esta
ruptura en las relaciones laborales, produjo un impacto en toda la encomia,
donde el trabajo domestico (realizado casi exclusivamente por mujeres
indígenas, en el caso de La Paz, mujeres aymarás) tuvo que cambiar las formas
en las que era llevado[9],
en especial de una practica poco común, el pago de un salario por dicho
trabajo.
El problema
fundamental de como se lleva a cavo el trabajo domestico en La Paz, descansa en
una diferencia de clases, de genero, generacional y sobre todo de pertenencia a
un grupo étnico, e intentare en los siguientes párrafos analizar punto por
punto las diferencias que conlleva el estudio de las relaciones de género con
las variables de clase y identidad étnica.
Clase: vasta con preguntarse quienes son las personas que recurren a la
ayuda de una trabajadora domestica. Estas personas son en su mayoría de una
clase social elevada, aunque luego de la revolución de 1952 el sustento
económico casi desaparece, y se entablan nuevas relaciones de género, ya que
las casi secretas hijas de una familia acomodad (por lo general dueña de una o
varias haciendas), son obligadas por la necesidad (ya que la reforma agraria
intento destruir la propiedad de las haciendas) a insertarse en la vida
laboral, lo que produjo una obvia diferencia de relaciones de género. Estas
nuevas familias despojadas de su capacidad adquisitiva, se vieron en la
necesidad de prescindir de la mayoría de sus empleados/das domésticos/as, y
diversificar las tareas de los que pudieron continuar empleando. La revolución
de 1952 trajo a las empleadas y empleados domésticos/as, la posibilidad de
obtener a cambio de su fuerza de trabajo un salario justo, pero las iniquidades
del sistema laboral desvanecieron las esperanzas, aunque si se les pagaba un
sueldo (pero existían caso sonde los empleadores con argucias evitaban esta
obligación). En el caso en que la familia se veían obligada de apelar a la
fuerza laboral de las mujeres, se necesitaban de nuevas formas de acumulación
de prestigio, ya que si se hacia antes con la abnegación domestica de las
mujeres (recluidas a lo privado), y la tenencia de cuadrillas de empleados/as
domésticos/as, ahora (lego de 1952) la forma de acumulara prestigio era con la
tenencia de una empleada (multi uso), ya que la tenencia en servicio de una
empleada, con la drástica disminución de ingresos de la familia implicaba un
gran sacrificio, por lo tanto un ostento de bienestar económico, ya que la
mayoría de la sociedad se encontraba en la capacidad de emplear a una sola
persona.
Pero no solo
los seudo blancos eran los actores económicos de la sociedad paceña, sino que
los “cholos[10]”
eran un importante motor económico, pero en ellos las diferencias de clase
entre el empleador no son tan notoria como en la sociedad seudo blanca.
Mientras que en una el trato de empleador/empleado es de parentela (por ejemplo
tía-sobrina), en la otra (respectivamente) es de un carácter paternalista
(señora-hija). Pero sobre todo ambas arrastran el sistema de familia
patriarcal, aunque con diferencias ya que en las familias de “cholos” la figura
paterna no están vital, mientras en las familia seudo blanca la figura paterna
es por sobre todo el jefe de familia y su representante publico.
En el anterior
párrafo, mostré la diferencia de relaciones por género y generacional, aunque
no es lo bastante amplia, si es muy clara, pero si se observa el gráfico la
diferencia entre generación entre padres (padre y madre) y los hijos es
fácilmente demostrable, no queda claro la diferencia entre los padres y la
empleada, ya que esta al no ser miembro de ascendencia uterina de la familia,
no queda clara su posición generacional, ya que puede ser una menor de edad
(incluso menor que las hijas e hijos), o una persona entrada en años[11].
Sea cual fuera su edad ella por los prejuicios de clase (con esto me refiero a
grupo étnico), será considerada una infante mental, y por ello debe ser vista
como un miembro infante de la familia, lo que puede llevar a concebir un
actitud paternalista de la empleadora/or hacia la empleada.
A todo esto la
categoría de género en la sociedad paceña, designa labores domesticas intrafamiliares
a las mujeres (ámbito privado), aunque estas labores sean realizadas en otros
domicilios que los suyos. Esto ultimo se designa a las mujeres que pertenecen
al grupo aymará en su mayoría, lo que implica una división de trabajo por grupo
étnico. Esta división de trabajo implica varias cosas. La primera es que entre
las familias de clase media, media alta y alta, que se identifican con los
blancos[12],
la desigualdad de trato con respecto a las mujeres aymarás es clara, y un
ejemplo es cuando el varón de la familia (se este el padre o hijo) pretende un
favor sexual de la empleada, la madre no reclama a la empleada el desliz sexual
de ella[13]
en un tono de celos, ya que por mas que las novelas indiquen que la empleada se
enamore del varón (cosa que puede extrañamente llegar a darse), y el varón se
enamore de ella (algo menos posible de suceder) en la mentalidad de la madre es
completamente imposible que su esposo la abandone por su empleada (en caso que
el varón en cuestión sea el esposo), lo que es mas posible cuando la madre es
una chola[14],
ya que se siente mas cercana culturalmente.
La forma en que
se estructura la estructura social[15]
es importante antes de ejecutar un proyecto de investigación antropológica, ya
que si no se sabe cuales son las diferencian internas entre ellas, cuales son
las formas en las que se relacionan los grupos étnicos (etnicidad), y como se
asigna labores a los sexos biológicos (género), no se puede observar un hecho
en particular, el que podría ser la relación entre empeadora/or y empleada/ado
como los hace con maestría Lesley Gill. Ella ademas de abocarse a un tema como
es la dependencia entre empleadora y empleada (que es la relación mas
frecuente), nos muestra que en ese estudio, actúan variables económicas,
generacionales y étnicas, todas ellas que han sufrido un proceso histórico
determinado, y su conocimiento es de vital importancia para contextualización
el dato etnográfico recogido.
1
[1] La/el lectora/lector ya
entenderá que la relación que me refiero es D-M-D’ (dinero-mercancía-dinero
plus), donde la mercancía es el la fuerza de trabajo.
2
[2] Entonces se hablaría de
empleo para referirse a las formas de acceso al mercado de trabajo (actividad,
inactividad, precariedad, estabilidad, paro, trabajo a tiempo parcial, etc.)
3
[3] La denominación de
trabajo se entiende cuando se ocupan de aspectos tales como sectores de
actividad, cualificaciones, carrera profesional, salarios, condiciones de
trabajo, formas de organización laboral, de control del trabajo y relaciones
sociolaborales.
4
[4] Uno/a que otro/a
lectora/lector, sugerirá en este punto usar el termino derridiano “deconstruir”
, pero como yo no tuve el agrado de leer a Derrida no lo hago, ya que lo
consideraría una equivocación grave. Ademas añadir que el ensayo presente no tienen
por objetivo redefinir el concepto de trabajo, espero sea de ayuda en el
momento en que alguien quiera emprenderlo, sin el sesgo fálico al que
lamentablemente se entero la ciencia social en estas ultimas centurias.
6
[6] Como en un ensayo
presentado anterior indico, la categoría de género (aunque en el párrafo se
encuentre en plural) es una categoría que es fundamental a la hora del estudio
antropológico, ya que sin ella el estudio estaría descuidando la calidad de
humanos de los productores de cultura, y en especial se los vería como seres
asexuados o lo que seria pero, se los vería como varones y no tan varones
7
[7] Hago esta aclaración,
porque defiendo que en otras culturas existen más de dos géneros, al igual que
también se consideran más de dos sexos, lo cual viene a reafirmar que ambos son
categorías construidas culturalmente. Ademas que así me alejaría de la
binariedad de la categoría de género
9
[9] Indico que el cambio
fundamental de las relaciones entre empleadoras y trabajaras domesticas se da
apartar de l revolución de 1952, aunque no olvido el movimiento que ellas (las
trabajadoras domesticas) realizaron junto a la FOL.
10
[10] A cholos me refiero a las
familias que son mas cercanas culturalmente a las familias del área rural, en
su mayoría aymará. Notece que en las familias seudo blancas y “cholas” la
residencia es virilocal o patrilocal.
11
[11] Por lo general son la
empaladas cama dentro las que son menores de edad y las mayores de edad (que en
su mayoría son madres) son cama afuera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario