sábado, 11 de marzo de 2017

Sobre la división de trabajo por género



Sobre la  división de trabajo por género

La inmersión al mercado de trabajo, o al mercado de bienes simbólicos por lo general no es controlada por la mujer. Como inicio incluso lo anterior puede sonar poético, pero antes considero preliminar indicar que en la actividad humana existe una doble producción: la de bienes materiales, servicios, ideas y representaciones en torno a tal actividad. Considero que el trabajo es una esfera social donde se genera un producto material y un producto ideático, donde los agentes intervinientes establecen relaciones en las que se manifiestan las divisiones sociales, tales como las originadas a partir de la diferencia de género, clase social, etnia o edad.
De este modo, género, clase, etnia y edad, se convierten en los elementos sustantivos de las desigualdades sociales y de la desigualdad laboral, y el mercado de trabajo está por tanto dividido por estas categorías, pues son tales principios clasificatorios los que segmentan a los trabajadores dentro de la estructura laboral.
Los principios de desigualdades estructuran a su vez el mercado laboral, pues la estratificación de éste encuentra en uno de los pilares básicos para la acumulación de capital[1]. Donde la pertenencia a uno u otro género, a una u otra clase social, y a uno u otro grupo étnico o  una u otra generación, son los componentes fundamentales que actúan en la estructuración selectiva de los mercados de trabajo, siendo pues los elementos que clasifican la participación de los sujetos dentro de los mismos. Esta clasificación se basa en que tales elementos o categorías, condicionarán la distinta naturaleza del acceso a conocimientos, recursos y oportunidades de participación y elección en el mundo laboral, que darán como resultado la jerarquización laboral y la estratificación organizada del mercado de trabajo.
Importante es primero saber cuales serán los términos en los que se halle el ensayo, donde el primero es el concepto de trabajo, que tiene diversos significados dependiendo del contexto donde se analice, y es un constructo social y cultural que debe ser estudiado en función de la propia historia y de los diferentes factores que lo determinan en cada tiempo y realidad social. Numerosos han sido los estudios que desde la antropología cultural han demostrado esta afirmación, evidenciando con múltiples ejemplos etnográficos que, tanto lo que se considera trabajo como el valor social que a tal actividad se confiere, varía sustancialmente de una sociedad a otra.
El trabajo es una actividad propiamente humana porque sólo los humanos inscriben las actividades de subsistencia en un marco social y simbólico que amplía las capacidades individuales y las dota de capacidad transformadora (Comas 1995: 33-34). Esta idea, de considerar el trabajo como una actividad exclusiva de los seres humanos, en la que se producen bienes necesarios para su permanencia, relaciones sociales y que se carga de aspectos simbólicos y representaciones ideológicas, creo fundamental a la hora de analizar los procesos productivos concretos donde actúan los colectivos. En los procesos de producción se crean objetos, utillajes, servicios, técnicas, saberes, lenguajes, relaciones sociales y valoraciones e ideología. Es a través del trabajo como los sujetos de una comunidad adquieren un reconocimiento determinado, un status y prestigio, se les permite participar en el ámbito de lo compartido socialmente y se les otorga unos rasgos definidores de su propia identidad. Y es que los grupos humanos, definen una parte de su identidad a través del trabajo, porque por muy instrumentales o impersonales que puedan ser las tareas que se realicen, para el trabajador se trata de una experiencia personal, de una forma de relacionarse con la realidad en que vive, de identificarse y de ser identificado.
Peor el trabajo de las mujeres qué?. Se puede ver la diferencia entre lo entienden como una problemática en términos de empleo[2] y los que atienden fundamentalmente al trabajo[3]. Categorías éstas, que tienen por su parte una inserción distinta en las diferentes disciplinas sociales, tales como la economía, la sociología y la historiografía que han utilizado el concepto de trabajo referido exclusivamente a la producción asalariada. Y en la medida en que se han desarrollado desde un prisma falocéntrico, sus teorías, categorías, metodología y conceptos, construidos a partir del análisis del empleo y del trabajo masculino, aunque pretendidamente universales, resultan difícilmente aplicables a las experiencias de trabajo de las mujeres. Los estudios feministas especialmente desde los años 80 se han centrado en una revisión de esas disciplinas y en un esfuerzo de reconceptualización de las categorías de actividad, empleo y trabajo. Por lo tanto este concepto requiere de una redefinición[4].
El trabajo se ha convertido en un bien escaso el cual en ocasiones se plantea que hay que repartir, alternar o sumergir «Téllez 2003». Porque cada vez más, se enfatiza el concepto de recursos de vida que tiende a centrarse en la perspectiva reproductiva de individuos y grupos domésticos y en la variedad de recursos para sobrevivir, vivir o mejorar su situación (desde el empleo estable y protegido, trabajo temporal formal, diversos tipos de subvenciones estatales, trabajo sumergido remunerado, intercambios de trabajo, trabajo doméstico, bricolaje, etc.). Esta situación actual referente al empleo a la que asistimos en sociedades como la nuestra, viene a demostrarnos que los diferentes contextos sociolaborales harán que cada grupo cultural redefina lo que entiende por trabajo y la valoración que al mismo se le da.[5]
El concepto de género.- Roles de género son tareas y actividades que una cultura asigna a los sexos. Estereotipos de género son ideas demasiado simplificadas pero fuertemente asumidas sobre las características de varones y mujeres u otros. La estratificación de género describe una distribución desigual de recompensas entre hombres y mujeres, reflejando sus proposiciones diferentes en una jerarquía social.
De igual manera, las categorías de género se han presentado como una construcción social en la que determinados símbolos e ideas han conformado unos modelos de representación ideológica, y como ocurre con el concepto de trabajo, en cada cultura que analicemos encontraremos un sistema de género particular. El género, desde mi punto de vista, es una construcción cultural que basa su existencia en las diferencias objetivas que se dan entre los sexos, y es a partir de estas diferencias sobre las que cada cultura determina tanto las categorías de sexo como las de género. Las categorías culturales del género son fundamentales para descubrir la relación entre las distintas funciones asignadas a hombres y mujeres en los ámbitos de la producción y de la reproducción social[6] en cada momento histórico «García, 1990», y es a partir de dicha relación, como se elaboran las premisas culturales que definen a ambos géneros en nuestra cultura[7]. Porque el género es un elemento estructurante de la realidad, y por tanto presente en otros ámbitos de la misma, puesto que define las relaciones entre los seres humanos asignándoles diversos papeles que, al ser construidos como desiguales, sitúan a hombres y mujeres en distintas posiciones.
Con esta noción de género se hace posible analizar los roles y trabajos asociados a hombres y mujeres, porque entendido de esta forma, esta variable se conforma junto a otras como la clase social, la etnia y la edad de los sujetos, en elementos con los que podemos abarcar el análisis de la realidad social y la identidad de los individuos.
La incorporación de la categoría género al proceso de producción del conocimiento hace que los autores de muchos trabajos cuestionen modelos de análisis que fueron característicos de las ciencias sociales. Así por ejemplo, ciertos conceptos como las dicotomías naturaleza y cultura, reproducción y producción, privado y público, social y político, familia y trabajo, se perciben como construcciones etnocéntricas y falocéntrica que justifican los procesos de desigualdad.
La distinción entre sexo y género ha sido extraordinariamente eficaz para resaltar que los roles, atributos y comportamientos de mujeres y hombres, es variable, heterogéneo y diverso, porque dependen de factores eminentemente culturales «Da Silva 1995». Son algo adquirido y no innato, son fruto de la articulación específica entre maneras de representar las diferencias entre los sexos y asignar a estas diferencias un estatuto social" «Comas 1995: 40». Creo que es la cultura de un grupo determinado la que adscribe a hombres y mujeres, unas ciertas destrezas y aptitudes referidas al mundo del trabajo, entre las que, en sociedades como la nuestra, asigna al género femenino y al género masculino unas diferentes cualidades, supuestamente innatas a su respectiva condición de sexo, que, son conformadas con discursos artificialmente construidos desde un punto de vista cultural. 
Pero me estoy alejando de todo, así que volveré al hilo conductor que me propuse seguir, analizar como los conceptos de raza, clase y etnicidad influyen el los estudios antropológicos con énfasis en género.
“Sin temor a caer en la exageración, se podría decir que la riqueza y la fuerza de La Paz son inversamente proporcionales a su altura. En los barrios residenciales, a menos msnm, viven las personas y familias de mayores recursos de la ciudad.” «Gill 1995: 10». Esta cita ademas de ser acertada en el comentario[8], nos lleva a contexto en donde analizare la desigualdad de acceso a los recursos económicos con respecto a clases sociales, generación y género.
Gill muestra una La Paz diacrónica, ya que no se conforma con estudiar el proceso de como las aymarás se insertan al trabajo (domestico en este caso), en las ultimas dos décadas. Ella muestra como las diferencias laborales entre empleadoras/es cambian conforme el tiempo pasa, y sobre todo como el proceso histórico de las sociedades provocan cambios en las relaciones sociales. Las representaciones de género están presente en toda sociedad, pues forman parte de sus elementos ideológicos de reproducción social, y como tal se transmiten de generación en generación, mediante un proceso de socialización. El género asigna los papeles y las funciones que se consideran más apropiados para cada sexo, determinándose pues la configuración de la propia identidad femenina o masculina en una cultura. Estas categorías de género actuarán en todas las realidades sociales de los sujetos, y por lo tanto también en el mundo de la producción, es decir, en el mundo del trabajo. Se hace preciso pues profundizar en el nivel de lo ideático, y su función y protagonismo a la hora de guiar, reproducir y justificar las prácticas de los actores sociales en relación al trabajo en función del género. Lo que produce una determinada estructura social, basada en como la sociedad entienda lo femenino y lo masculino, entre una diferencia de a quien se asigna lo privado (lo domestico) y lo publico. Delimite el concepto de trabajo mas adelante, al indicar que es un bien escaso, no diferenciando lo estable (por ejemplo el trabajo burocrático) y lo inestable (el comercio informal), por lo que el trabajo domestico es en si mismo un trabajo estable, ya que son muy escasas las ocasiones en las que la persona encargada de ello se ve impedida acceder a el modo de producción, aunque este no sea de su propiedad privada.
Las relaciones laborales son cambiantes, en especial si el trabajador es dependiente del empleador, y este notara dicha dependencia. Pero sobre todo el propio trabajo (en un contexto capitalista) es dependiente en exceso del tipo de economía que la sociedad sostenga, pero en especial medida de cual sea su estado. En tiempos de bonanza o de debilidad en el equilibro de las relaciones laborales (el pongueaje durante una parte de la historia republicana de  Bolivia), las relaciones laborales son diferentes que en tiempos en los que la sociedad destruya una determinada forma de desigualdad, como lo que sucedido en Bolivia luego de la revolución de 1952, donde se anula la prestación de servicios de comunarios indígenas a las haciendas, o las residencias urbanas de los dueños de las haciendas. Esta ruptura en las relaciones laborales, produjo un impacto en toda la encomia, donde el trabajo domestico (realizado casi exclusivamente por mujeres indígenas, en el caso de La Paz, mujeres aymarás) tuvo que cambiar las formas en las que era llevado[9], en especial de una practica poco común, el pago de un salario por dicho trabajo.
El problema fundamental de como se lleva a cavo el trabajo domestico en La Paz, descansa en una diferencia de clases, de genero, generacional y sobre todo de pertenencia a un grupo étnico, e intentare en los siguientes párrafos analizar punto por punto las diferencias que conlleva el estudio de las relaciones de género con las variables de clase y identidad étnica.
Clase: vasta con preguntarse quienes son las personas que recurren a la ayuda de una trabajadora domestica. Estas personas son en su mayoría de una clase social elevada, aunque luego de la revolución de 1952 el sustento económico casi desaparece, y se entablan nuevas relaciones de género, ya que las casi secretas hijas de una familia acomodad (por lo general dueña de una o varias haciendas), son obligadas por la necesidad (ya que la reforma agraria intento destruir la propiedad de las haciendas) a insertarse en la vida laboral, lo que produjo una obvia diferencia de relaciones de género. Estas nuevas familias despojadas de su capacidad adquisitiva, se vieron en la necesidad de prescindir de la mayoría de sus empleados/das domésticos/as, y diversificar las tareas de los que pudieron continuar empleando. La revolución de 1952 trajo a las empleadas y empleados domésticos/as, la posibilidad de obtener a cambio de su fuerza de trabajo un salario justo, pero las iniquidades del sistema laboral desvanecieron las esperanzas, aunque si se les pagaba un sueldo (pero existían caso sonde los empleadores con argucias evitaban esta obligación). En el caso en que la familia se veían obligada de apelar a la fuerza laboral de las mujeres, se necesitaban de nuevas formas de acumulación de prestigio, ya que si se hacia antes con la abnegación domestica de las mujeres (recluidas a lo privado), y la tenencia de cuadrillas de empleados/as domésticos/as, ahora (lego de 1952) la forma de acumulara prestigio era con la tenencia de una empleada (multi uso), ya que la tenencia en servicio de una empleada, con la drástica disminución de ingresos de la familia implicaba un gran sacrificio, por lo tanto un ostento de bienestar económico, ya que la mayoría de la sociedad se encontraba en la capacidad de emplear a una sola persona.
Pero no solo los seudo blancos eran los actores económicos de la sociedad paceña, sino que los “cholos[10]” eran un importante motor económico, pero en ellos las diferencias de clase entre el empleador no son tan notoria como en la sociedad seudo blanca. Mientras que en una el trato de empleador/empleado es de parentela (por ejemplo tía-sobrina), en la otra (respectivamente) es de un carácter paternalista (señora-hija). Pero sobre todo ambas arrastran el sistema de familia patriarcal, aunque con diferencias ya que en las familias de “cholos” la figura paterna no están vital, mientras en las familia seudo blanca la figura paterna es por sobre todo el jefe de familia y su representante publico.
En el gráfico notase que la figura paterna esta por encima de todos los demás miembros de la familia, aunque la madre este por encima de los hijos varones en el esquema estos responden por lo general directamente a el padre, ademas el esquema muestra que las hijas deben que solicitar apoyo paterno a través de la madre hacia al padre, aunque sea el padre el que tiene el control de la autoridad sobre ellas. Y por ultimo tenemos por debajo de todos a la empleada, que responde a la autoridad de los hijos, la madre y el padre. Esta ultima tienen una dependencia de la autoridad como los demás del padre, lo que provoca problemas de abuso en el trato, no solo de forma simbólica (Bourdieu), sino que también en el maltrato físico (sexual por ejemplo).
En el anterior párrafo, mostré la diferencia de relaciones por género y generacional, aunque no es lo bastante amplia, si es muy clara, pero si se observa el gráfico la diferencia entre generación entre padres (padre y madre) y los hijos es fácilmente demostrable, no queda claro la diferencia entre los padres y la empleada, ya que esta al no ser miembro de ascendencia uterina de la familia, no queda clara su posición generacional, ya que puede ser una menor de edad (incluso menor que las hijas e hijos), o una persona entrada en años[11]. Sea cual fuera su edad ella por los prejuicios de clase (con esto me refiero a grupo étnico), será considerada una infante mental, y por ello debe ser vista como un miembro infante de la familia, lo que puede llevar a concebir un actitud paternalista de la empleadora/or hacia la empleada.
A todo esto la categoría de género en la sociedad paceña, designa labores domesticas intrafamiliares a las mujeres (ámbito privado), aunque estas labores sean realizadas en otros domicilios que los suyos. Esto ultimo se designa a las mujeres que pertenecen al grupo aymará en su mayoría, lo que implica una división de trabajo por grupo étnico. Esta división de trabajo implica varias cosas. La primera es que entre las familias de clase media, media alta y alta, que se identifican con los blancos[12], la desigualdad de trato con respecto a las mujeres aymarás es clara, y un ejemplo es cuando el varón de la familia (se este el padre o hijo) pretende un favor sexual de la empleada, la madre no reclama a la empleada el desliz sexual de ella[13] en un tono de celos, ya que por mas que las novelas indiquen que la empleada se enamore del varón (cosa que puede extrañamente llegar a darse), y el varón se enamore de ella (algo menos posible de suceder) en la mentalidad de la madre es completamente imposible que su esposo la abandone por su empleada (en caso que el varón en cuestión sea el esposo), lo que es mas posible cuando la madre es una chola[14], ya que se siente mas cercana culturalmente.
La forma en que se estructura la estructura social[15] es importante antes de ejecutar un proyecto de investigación antropológica, ya que si no se sabe cuales son las diferencian internas entre ellas, cuales son las formas en las que se relacionan los grupos étnicos (etnicidad), y como se asigna labores a los sexos biológicos (género), no se puede observar un hecho en particular, el que podría ser la relación entre empeadora/or y empleada/ado como los hace con maestría Lesley Gill. Ella ademas de abocarse a un tema como es la dependencia entre empleadora y empleada (que es la relación mas frecuente), nos muestra que en ese estudio, actúan variables económicas, generacionales y étnicas, todas ellas que han sufrido un proceso histórico determinado, y su conocimiento es de vital importancia para contextualización el dato etnográfico recogido.


1         [1]      La/el lectora/lector ya entenderá que la relación que me refiero es D-M-D’ (dinero-mercancía-dinero plus), donde la mercancía es el la fuerza de trabajo.
2         [2]      Entonces se hablaría de empleo para referirse a las formas de acceso al mercado de trabajo (actividad, inactividad, precariedad, estabilidad, paro, trabajo a tiempo parcial, etc.)
3         [3]      La denominación de trabajo se entiende cuando se ocupan de aspectos tales como sectores de actividad, cualificaciones, carrera profesional, salarios, condiciones de trabajo, formas de organización laboral, de control del trabajo y relaciones sociolaborales.
4         [4]      Uno/a que otro/a lectora/lector, sugerirá en este punto usar el termino derridiano “deconstruir” , pero como yo no tuve el agrado de leer a Derrida no lo hago, ya que lo consideraría una equivocación grave. Ademas añadir que el ensayo presente no tienen por objetivo redefinir el concepto de trabajo, espero sea de ayuda en el momento en que alguien quiera emprenderlo, sin el sesgo fálico al que lamentablemente se entero la ciencia social en estas ultimas centurias.
5         [5]      Ya se que esta ultima frase tiene un toque de particularismo (Boas), pero que le voy ha ser.
6         [6]      Como en un ensayo presentado anterior indico, la categoría de género (aunque en el párrafo se encuentre en plural) es una categoría que es fundamental a la hora del estudio antropológico, ya que sin ella el estudio estaría descuidando la calidad de humanos de los productores de cultura, y en especial se los vería como seres asexuados o lo que seria pero, se los vería como varones y no tan varones
7         [7]      Hago esta aclaración, porque defiendo que en otras culturas existen más de dos géneros, al igual que también se consideran más de dos sexos, lo cual viene a reafirmar que ambos son categorías construidas culturalmente. Ademas que así me alejaría de la binariedad de la categoría de género
8         [8]      En especial si la/el lectora/lector es una conocedora/conocedor de La Paz.
9         [9]      Indico que el cambio fundamental de las relaciones entre empleadoras y trabajaras domesticas se da apartar de l revolución de 1952, aunque no olvido el movimiento que ellas (las trabajadoras domesticas) realizaron junto a la FOL.
10      [10]    A cholos me refiero a las familias que son mas cercanas culturalmente a las familias del área rural, en su mayoría aymará. Notece que en las familias seudo blancas y “cholas” la residencia es virilocal o patrilocal.
11      [11]    Por lo general son la empaladas cama dentro las que son menores de edad y las mayores de edad (que en su mayoría son madres) son cama afuera.
12      [12]    Al indicar que son blancas no entiendo a que grupo étnico se refieren.
13      [13]    En el extraño caso en el cual la empleada acepte otorgar el favor
14      [14]    Por favor no en sentido peyorativo
15      [15]    Aunque parezca pleonasmo entiendo a estructura social en términos de Radcliffe-Brown

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