jueves, 9 de marzo de 2017

ANTROPOLOGÍA Y DESARROLLO



ANTROPOLOGÍA Y DESARROLLO

El desarrollo es uno de los mayores mercados de trabajo para antropólogos. En el presente ensayo tratare la importante contribución de los antropólogos al mismo, pero también su posición extremadamente crítica respecto a la propia noción de desarrollo.
Desde sus comienzos, la antropología no ha cesado de darnos una lección de gran importancia, y tan vital como lo fue en el siglo XIX lo es hoy en día, si bien con aspectos profundamente distintos: la profunda historicidad de todos los modelos sociales y el carácter arbitrario de todos los órdenes culturales. Habiéndosele asignado el estudio de los “salvajes” y de los “primitivos” en la división del trabajo intelectual que tuvo lugar al principio de la era moderna, la antropología ha mantenido no obstante su condición de instrumento de crítica y de cuestionamiento de aquello que se daba por supuesto y establecido. Ante el panorama de diferencias con que la antropología los confronta, los nuevos órdenes de cuño europeo no pueden por menos que admitir una cierta inestabilidad en sus fundamentos, por más que se esfuercen en eliminar o domesticar a los fantasmas de la alteridad. Al poner énfasis en la historicidad de todas las sociedades existentes e imaginables, la antropología presenta ante los nuevos órdenes dominantes un reflejo de su propia historicidad, cuestionando radicalmente la noción de “occidente”. No obstante, esta disciplina continúa alimentando su razón de ser con una experiencia histórica y epistemológica profundamente occidental[1] que todavía conforma las relaciones que la sociedad occidental puede tener con todas las culturas del mundo, incluida la suya propia.
La cuestión del desarrollo, continúa sin ser resuelta por ningún modelo social o epistemológico moderno. Con ello me refiero no solamente a 'nuestra' incapacidad para definir metodología que pudenda encarar los problemas (desnutrición por ejemplo) que azotan sociedades en Asia, África y América Latina de modo que conduzcan a una sostenida mejora social, cultural, económica y medioambiental sino a que los modelos en que nos basamos para explicar y actuar ya no generan respuestas satisfactorias. Además, la crisis del desarrollo también hace patente que han caducado los campos funcionales con que la modernidad nos había equipado para formular nuestras preocupaciones sociales y políticas relativas a la naturaleza, la sociedad, la economía, el estado y la cultura[2]. Las sociedades no son los todos orgánicos con estructuras y leyes que habíamos creído hasta hace poco, sino entes fluidos que se extienden en todas direcciones gracias a las migraciones, a los desplazamientos por encima de fronteras y a las fuerzas económicas. Las culturas ya no están constreñidas, limitadas y localizadas sino profundamente desterritorializadas[3]; finalmente, nadie sabe dónde empieza y termina la economía, a pesar de que los economistas, en medio de la vorágine neoliberal y de la aparentemente todopoderosa globalización, rápidamente se apuntan a la pretensión de reducir a la economía todos los aspectos de la realidad social, extendiendo de este modo la sombra que la economía arroja sobre la vida y la historia.
Los antropólogos que trabajan en el campo autodefinido de 'antropología para el desarrollo' -es decir, tanto aquéllos que trabajan dentro de las instituciones para el fomento del desarrollo como en los Departamentos de Antropología preparando a los alumnos que habrán de trabajar como antropólogos en los proyectos de desarrollo, observan a su disciplina con un potencial para evitar lo que estaba pasando en los proyectos de desarrollo que fracasaron históricamente por ignorar las condiciones socioculturales de los supuestos beneficiarios de la ayuda. El antropólogo George M. Foster (Foster 1974) cuenta cómo los esfuerzos del gobierno mexicano por mejorar la salubridad de las aldeas a través de la potabilización de las aguas resultaron durante largo tiempo infructuosos. Realizadas desde la óptica de los ingenieros y siguiendo el modelo de instalación sanitaria urbana occidental, los técnicos planificaron y construyeron una serie de lavaderos en los pueblos para evitar que las aldeanas llevaran la ropa al río en condiciones desfavorables. Cuando los proyectos estuvieron terminados los técnicos comprobaron con sorpresa que las aldeanas, lejos de estar agradecidas, no tenían ningún interés en la innovación. Investigaciones posteriores demostraron que las aldeanas aprovechaban las coladas en el río para comunicarse, intercambiarse noticias de la aldea e informaciones importantes sobre nacimientos, muertes, parcelas en venta, etc. Como resultado los ingenieros modificaron los lavaderos de manera que las aldeanas quedasen unas frente a otras y pudieran seguir con su interacción social.
Este caso ilustra las paradojas del desarrollo, que es diferente en cada sociedad y se define en función a el concepto de buen vivir[4], y como se puede fracasar de forma monumental cuando el problema sólo se ve desde la óptica técnica y financiera. Como resultado muchas veces los técnicos de desarrollo quedan decepcionados por la “ingratitud" de aquellos a los que han ayudado con su esfuerzo; los califican de, "subdesarrollados", "vagos" o "incapaces de entender la modernidad". Una política de mejoramiento de las condiciones de lavado de la ropa (en el ejemplo anterior) habría optado por saber, el lugar de los destinatarios ocupan en el ciclo económico, los modos que tienen ellos de socializar, en lugar de centrarse en el síntoma de la inestabilidad en el lavado de la ropa.
La polémica del desarrollo
Como se ha visto, uno de los campos en los cuáles es más evidente la contribución práctica de la antropología es la llamada ayuda al desarrollo. La relación de los antropólogos con el desarrollo se califica como ambivalente porque, de una parte, los especialistas en ciencias son básicos para llevar a cabo cualquier proyecto de desarrollo en otras culturas[5]. Por otra parte, el concepto de desarrollo es fuertemente contestado por los antropólogos, precisamente a causa de su cercanía con las personas a quienes se presta la ayuda al desarrollo.
La principal crítica al desarrollo proviene del hecho de que es un concepto construido a partir del nacionalismo basado en el hecho de que al finalizar la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se encontraron como la potencia hegemónica de Occidente. Con la victoria aliada llegó el desmantelamiento de los viejos imperios coloniales europeos surgidos en favor del dominio comercial y militar norteamericano. Hasta entonces los estados coloniales habían ocupado amplias zonas del mundo no europeo con el fin de explotar sus materias primas a bajo precio para transformar éstas en las metrópolis. Este proceso se legitimó en nombre de la civilización. Había que "civilizar" a los "salvajes"[6], hasta que pudiesen adquirir el nivel cultural y económico de los europeos[7]. A esta idea subyacen la creencia en la superioridad intelectual, biológica y cultural de los occidentales frente a los no occidentales y la idea darwinista de evolución, según la cual unos pueblos estaban más evolucionados que otros, pero que con el tiempo todos podrían adquirir el mismo nivel cultural[8].
Si bien la idea de la superioridad racial occidental desapareció tras la Segunda Guerra Mundial, no desapareció la idea evolucionista de que los pueblos y las economías tienen una evolución lineal (de la cual occidente sería la ultima etapa) y quienes no están a la altura de occidente sencillamente se encuentran en una etapa previa de evolución, o mejor dicho desarrollo.
La medida del desarrollo la daba el bienestar material medido en indicadores con relación a los mismos indicadores de las metrópolis. La renta per cápita el producto interior bruto, el número de hospitales, automóviles o teléfonos se consideraban indicadores de desarrollo. Como resultado, muchas poblaciones con un nivel de vida material bajo en comparación a Occidente, pero suficiente o incluso elevado con respecto a su entorno, eran definidos como subdesarrollados. Un ejemplo: la producción de arroz por hectárea en Nepal era 200 veces inferior a la de Japón, sin embargo los agricultores nepalíes no sólo tenían cubiertas sus necesidades y generaban excedente, sino que con los largos tallos del arroz nepalí obtenían forraje para su ganado. No obstante, desde el punto de vista cuantitativo se los consideraba pobres y se aconsejó la implantación del arroz japonés con consecuencias negativas para la economía local (Foster 1974).
Países enteros como Colombia fueron clasificados como subdesarrollados o pobres en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, aunque únicamente sucedía que sus ingresos comparados con los de Estados Unidos eran menores, en ese caso y con esos parámetros de comparación , un país como Bolivia debía ser catalogado como hipersubdesarrollado. Las políticas de desarrollo transformaron a países de bajo nivel de vida material relativo en países pobres y miserables.
El trabajo de los antropólogos (5)
Pero quienes dan el dinero son los que imponen los ritmos de trabajo y es cuando los antropólogos empiezan a actuar en el campo del desarrollo y a aplicar sus conocimientos. La creciente participación de antropólogos en las agencias internacionales, organismos gubernamentales, ONGs y fundaciones "se corresponde con un cambio de enfoque en la práctica de proyectos y programas cuando comienza a tener en cuenta la necesidad de poner a la gente primero de manera que los antropólogos toman el rol de interlocutores entre las comunidades beneficiarias de los programas y las agencias.
La idea de desarrollo debe ser entendida en función a la noción de buen vivir que tienen cada sociedad, y sobre ella se debe implementar policías que ayuden a los miembros de esa sociedad (en varios casos un grupo dentro de una sociedad) a alcanzar el buen vivir que ellos tienen. El antropólogo debe diagnosticar cual es la noción de buena vida del grupo social al que esta dirigido el proyecto de ayuda para que diseñe formas en las cuales el proyecto desarrolle la sociedad, que por lo general es pobre[9] respetando su usos y costumbres para lograr una interculturalidad horizontal, don identidades diferenciadas.
Si en los años setenta el antropólogo cumplía el papel de llamar la atención sobre la pérdida de recursos que suponía el enfoque teocrático (Foster, 1974), en los años 80 se convirtieron en antropólogos forenses (Gimeno y Monreal, 1999) que diagnosticaban las razones de las muertes de los proyectos. Hoy muchos antropólogos participan activamente, tanto como ejecutores (técnicos) de las políticas de desarrollo como en el papel de consultores o diseñadores de estas políticas[10] para evitar las autopsias indagatorias a los proyectos de desarrollo que fracasaron.
Bibliografía
-          Foster, George: Antropología Aplicada. FCE, México 1974
-          Gimeno, Juan Carlos y Monreal, Pilar (editores): La Controversia del Desarrollo. Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación (Universidad Complutense de Madrid), Madrid 1999.


1         [1]      Donde la acepción “antropólogo indio con cabeza de blanco” no se aleja de la realidad
2         [2]      La frase “en estos tiempos posmodernos” nos lleva a un desencantamiento en las posibilidades de construir el mejor de los mundos posibles
3         [3]      Todo ello nos lleva a pensar en la gran capacidad de la cultura de adaptarse al medio ambiente social y/o ecológico.
4         [4]      Al referir la noción de buen vivir me refiero el como una sociedad considera que debe ser su vida, por ejemplo si es una sociedad de agricultores el buen vivir seria tener seguridad de contar con una buena cosecha que permita la subsistencia de la familia. Pero no se debe dejar de lado al diagnosticar la idea de buena vida los procesos de transculturización y aculturizacion que pudo haber sufrido la sociedad. 
5         [5]      Por culturas no sólo se entienden culturas "exóticas" o sociedades no industriales, sino subculturas como el campesinado, grupos marginales, los "pobres", etc. (Sobre la definición de subcultura Pere-Oriol y otros, Tribus Urbanas ; ediciones Paidos 1996)
6         [6]      Antes del siglo XIX la legitimación moral consistía en evangelizarlos
7         [7]      De este modo se aseguraba que los “salvajes” entraran en la vorágine consumista que impuso USA
8         [8]      De aquí procede la falsa creencia de que los pueblos "primitivos" nos permiten conocer cómo fueron los antepasados prehistóricos de los europeos. La famosa teoría de alcance medio
9         [9]      Son pobres la mayoría de las sociedades originarias de América, ya que ellas son las perdedoras del proceso de la colonia, y las excluida de las repúblicas, todo ello en una relación intercultural vertical, donde estas sociedades (que son en una gran mayoría las destinatarias de los proyectos de desarrollo) son las oprimidas y explotadas, en beneficio de las otras sociedades que son las que observan a esta como primitiva o subdesarrolladas.
10      [10]    Aprendiendo la lección

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