ANTROPOLOGÍA Y DESARROLLO
El desarrollo es uno de los mayores
mercados de trabajo para antropólogos. En el presente ensayo tratare la
importante contribución de los antropólogos al mismo, pero también su posición
extremadamente crítica respecto a la propia noción de desarrollo.
Desde sus comienzos, la antropología no ha
cesado de darnos una lección de gran importancia, y tan vital como lo fue en el
siglo XIX lo es hoy en día, si bien con aspectos profundamente distintos: la
profunda historicidad de todos los modelos sociales y el carácter arbitrario de
todos los órdenes culturales. Habiéndosele asignado el estudio de los
“salvajes” y de los “primitivos” en la división del trabajo intelectual que
tuvo lugar al principio de la era moderna, la antropología ha mantenido no
obstante su condición de instrumento de crítica y de cuestionamiento de aquello
que se daba por supuesto y establecido. Ante el panorama de diferencias con que
la antropología los confronta, los nuevos órdenes de cuño europeo no pueden por
menos que admitir una cierta inestabilidad en sus fundamentos, por más que se
esfuercen en eliminar o domesticar a los fantasmas de la alteridad. Al poner
énfasis en la historicidad de todas las sociedades existentes e imaginables, la
antropología presenta ante los nuevos órdenes dominantes un reflejo de su
propia historicidad, cuestionando radicalmente la noción de “occidente”. No
obstante, esta disciplina continúa alimentando su razón de ser con una
experiencia histórica y epistemológica profundamente occidental[1]
que todavía conforma las relaciones que la sociedad occidental puede tener con
todas las culturas del mundo, incluida la suya propia.
La cuestión del desarrollo, continúa sin
ser resuelta por ningún modelo social o epistemológico moderno. Con ello me refiero
no solamente a 'nuestra' incapacidad para definir metodología que pudenda
encarar los problemas (desnutrición por ejemplo) que azotan sociedades en Asia,
África y América Latina de modo que conduzcan a una sostenida mejora social,
cultural, económica y medioambiental sino a que los modelos en que nos basamos
para explicar y actuar ya no generan respuestas satisfactorias. Además, la
crisis del desarrollo también hace patente que han caducado los campos
funcionales con que la modernidad nos había equipado para formular nuestras
preocupaciones sociales y políticas relativas a la naturaleza, la sociedad, la
economía, el estado y la cultura[2].
Las sociedades no son los todos orgánicos con estructuras y leyes que habíamos
creído hasta hace poco, sino entes fluidos que se extienden en todas
direcciones gracias a las migraciones, a los desplazamientos por encima de
fronteras y a las fuerzas económicas. Las culturas ya no están constreñidas,
limitadas y localizadas sino profundamente desterritorializadas[3];
finalmente, nadie sabe dónde empieza y termina la economía, a pesar de que los
economistas, en medio de la vorágine neoliberal y de la aparentemente
todopoderosa globalización, rápidamente se apuntan a la pretensión de reducir a
la economía todos los aspectos de la realidad social, extendiendo de este modo
la sombra que la economía arroja sobre la vida y la historia.
Los antropólogos que trabajan en el campo
autodefinido de 'antropología para el desarrollo' -es decir, tanto aquéllos que
trabajan dentro de las instituciones para el fomento del desarrollo como en los
Departamentos de Antropología preparando a los alumnos que habrán de trabajar
como antropólogos en los proyectos de desarrollo, observan a su disciplina con
un potencial para evitar lo que estaba pasando en los proyectos de desarrollo
que fracasaron históricamente por ignorar las condiciones socioculturales de
los supuestos beneficiarios de la ayuda. El antropólogo George M. Foster
(Foster 1974) cuenta cómo los esfuerzos del gobierno mexicano por mejorar la
salubridad de las aldeas a través de la potabilización de las aguas resultaron
durante largo tiempo infructuosos. Realizadas desde la óptica de los ingenieros
y siguiendo el modelo de instalación sanitaria urbana occidental, los técnicos
planificaron y construyeron una serie de lavaderos en los pueblos para evitar
que las aldeanas llevaran la ropa al río en condiciones desfavorables. Cuando
los proyectos estuvieron terminados los técnicos comprobaron con sorpresa que
las aldeanas, lejos de estar agradecidas, no tenían ningún interés en la
innovación. Investigaciones posteriores demostraron que las aldeanas
aprovechaban las coladas en el río para comunicarse, intercambiarse noticias de
la aldea e informaciones importantes sobre nacimientos, muertes, parcelas en
venta, etc. Como resultado los ingenieros modificaron los lavaderos de manera
que las aldeanas quedasen unas frente a otras y pudieran seguir con su
interacción social.
Este caso ilustra las paradojas del
desarrollo, que es diferente en cada sociedad y se define en función a el
concepto de buen vivir[4],
y como se puede fracasar de forma monumental cuando el problema sólo se ve
desde la óptica técnica y financiera. Como resultado muchas veces los técnicos
de desarrollo quedan decepcionados por la “ingratitud" de aquellos a los
que han ayudado con su esfuerzo; los califican de,
"subdesarrollados", "vagos" o "incapaces de entender
la modernidad". Una política de mejoramiento de las condiciones de lavado
de la ropa (en el ejemplo anterior) habría optado por saber, el lugar de los
destinatarios ocupan en el ciclo económico, los modos que tienen ellos de
socializar, en lugar de centrarse en el síntoma de la inestabilidad en el
lavado de la ropa.
La polémica del desarrollo
Como se ha visto, uno de los campos en los
cuáles es más evidente la contribución práctica de la antropología es la
llamada ayuda al desarrollo. La relación de los antropólogos con el desarrollo
se califica como ambivalente porque, de una parte, los especialistas en
ciencias son básicos para llevar a cabo cualquier proyecto de desarrollo en
otras culturas[5].
Por otra parte, el concepto de desarrollo es fuertemente contestado por los
antropólogos, precisamente a causa de su cercanía con las personas a quienes se
presta la ayuda al desarrollo.
La principal crítica al desarrollo proviene
del hecho de que es un concepto construido a partir del nacionalismo basado en
el hecho de que al finalizar la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se
encontraron como la potencia hegemónica de Occidente. Con la victoria aliada
llegó el desmantelamiento de los viejos imperios coloniales europeos surgidos
en favor del dominio comercial y militar norteamericano. Hasta entonces los
estados coloniales habían ocupado amplias zonas del mundo no europeo con el fin
de explotar sus materias primas a bajo precio para transformar éstas en las
metrópolis. Este proceso se legitimó en nombre de la civilización. Había que
"civilizar" a los "salvajes"[6],
hasta que pudiesen adquirir el nivel cultural y económico de los europeos[7].
A esta idea subyacen la creencia en la superioridad intelectual, biológica y
cultural de los occidentales frente a los no occidentales y la idea darwinista
de evolución, según la cual unos pueblos estaban más evolucionados que otros,
pero que con el tiempo todos podrían adquirir el mismo nivel cultural[8].
Si bien la idea de la superioridad racial
occidental desapareció tras la Segunda Guerra Mundial, no desapareció la idea
evolucionista de que los pueblos y las economías tienen una evolución lineal
(de la cual occidente sería la ultima etapa) y quienes no están a la altura de
occidente sencillamente se encuentran en una etapa previa de evolución, o mejor
dicho desarrollo.
La medida del desarrollo la daba el
bienestar material medido en indicadores con relación a los mismos indicadores
de las metrópolis. La renta per cápita el producto interior bruto, el número de
hospitales, automóviles o teléfonos se consideraban indicadores de desarrollo.
Como resultado, muchas poblaciones con un nivel de vida material bajo en
comparación a Occidente, pero suficiente o incluso elevado con respecto a su
entorno, eran definidos como subdesarrollados. Un ejemplo: la producción de
arroz por hectárea en Nepal era 200 veces inferior a la de Japón, sin embargo
los agricultores nepalíes no sólo tenían cubiertas sus necesidades y generaban
excedente, sino que con los largos tallos del arroz nepalí obtenían forraje
para su ganado. No obstante, desde el punto de vista cuantitativo se los
consideraba pobres y se aconsejó la implantación del arroz japonés con
consecuencias negativas para la economía local (Foster 1974).
Países enteros como Colombia fueron
clasificados como subdesarrollados o pobres en los años cuarenta y cincuenta
del siglo XX, aunque únicamente sucedía que sus ingresos comparados con los de
Estados Unidos eran menores, en ese caso y con esos parámetros de comparación ,
un país como Bolivia debía ser catalogado como hipersubdesarrollado. Las
políticas de desarrollo transformaron a países de bajo nivel de vida material relativo
en países pobres y miserables.
El trabajo de los antropólogos (5)
Pero quienes dan el dinero son los que
imponen los ritmos de trabajo y es cuando los antropólogos empiezan a actuar en
el campo del desarrollo y a aplicar sus conocimientos. La creciente
participación de antropólogos en las agencias internacionales, organismos
gubernamentales, ONGs y fundaciones "se corresponde con un cambio de
enfoque en la práctica de proyectos y programas cuando comienza a tener en
cuenta la necesidad de poner a la gente primero de manera que los antropólogos
toman el rol de interlocutores entre las comunidades beneficiarias de los
programas y las agencias.
La idea de desarrollo debe ser entendida en
función a la noción de buen vivir que tienen cada sociedad, y sobre ella se
debe implementar policías que ayuden a los miembros de esa sociedad (en varios
casos un grupo dentro de una sociedad) a alcanzar el buen vivir que ellos
tienen. El antropólogo debe diagnosticar cual es la noción de buena vida del
grupo social al que esta dirigido el proyecto de ayuda para que diseñe formas
en las cuales el proyecto desarrolle la sociedad, que por lo general es pobre[9]
respetando su usos y costumbres para lograr una interculturalidad horizontal,
don identidades diferenciadas.
Si en los años setenta el antropólogo
cumplía el papel de llamar la atención sobre la pérdida de recursos que suponía
el enfoque teocrático (Foster, 1974), en los años 80 se convirtieron en
antropólogos forenses (Gimeno y Monreal, 1999) que diagnosticaban las razones
de las muertes de los proyectos. Hoy muchos antropólogos participan
activamente, tanto como ejecutores (técnicos) de las políticas de desarrollo
como en el papel de consultores o diseñadores de estas políticas[10]
para evitar las autopsias indagatorias a los proyectos de desarrollo que
fracasaron.
Bibliografía
-
Foster, George: Antropología
Aplicada. FCE, México 1974
-
Gimeno, Juan Carlos y Monreal,
Pilar (editores): La Controversia del Desarrollo. Instituto
Universitario de Desarrollo y Cooperación (Universidad Complutense de Madrid),
Madrid 1999.
2
[2] La frase “en estos
tiempos posmodernos” nos lleva a un desencantamiento en las posibilidades de
construir el mejor de los mundos posibles
3
[3] Todo ello nos lleva a
pensar en la gran capacidad de la cultura de adaptarse al medio ambiente social
y/o ecológico.
4
[4] Al referir la noción de
buen vivir me refiero el como una sociedad considera que debe ser su vida, por
ejemplo si es una sociedad de agricultores el buen vivir seria tener seguridad
de contar con una buena cosecha que permita la subsistencia de la familia. Pero
no se debe dejar de lado al diagnosticar la idea de buena vida los procesos de
transculturización y aculturizacion que pudo haber sufrido la sociedad.
5
[5] Por culturas no sólo se
entienden culturas "exóticas" o sociedades no industriales, sino
subculturas como el campesinado, grupos marginales, los "pobres",
etc. (Sobre la definición de subcultura Pere-Oriol y otros, Tribus Urbanas
; ediciones Paidos 1996)
7
[7] De este modo se aseguraba
que los “salvajes” entraran en la vorágine consumista que impuso USA
8
[8] De aquí procede la falsa
creencia de que los pueblos "primitivos" nos permiten conocer cómo
fueron los antepasados prehistóricos de los europeos. La famosa teoría de
alcance medio
9
[9] Son pobres la mayoría de
las sociedades originarias de América, ya que ellas son las perdedoras del
proceso de la colonia, y las excluida de las repúblicas, todo ello en una
relación intercultural vertical, donde estas sociedades (que son en una gran
mayoría las destinatarias de los proyectos de desarrollo) son las oprimidas y
explotadas, en beneficio de las otras sociedades que son las que observan a
esta como primitiva o subdesarrolladas.
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